En todo el mundo las sociedades intentan exportar obras de arte, comunidades, selvas, patrimonios de la naturaleza, entre muchísimas cosas más a un mundo irreal. La forma en que se logra este cometido es por medio de los simulacros, las copias o la hiperrealidad.
Los simulacros se introducen de manera lenta y con perfil bajo en la sociedad y en nuestras vidas. Los medios, las redes sociales, la cultura misma son parte de este gran irrealidad que distorsiona lo que probablemente ya no conocemos; lo real. Es tan fuerte su introducción, que incluso carecemos de imaginación y necesitamos de lugares o películas que nos digan que imaginar.
Ya no tenemos contacto ni mucho menos relación con lo real, ya no tenemos un norte y cada vez que tenemos avances, como lo son los de la tecnología, parecería que retrocedemos más de lo que adelantamos.
Estamos tan abiertos a la hiperrealidad, a las redes sociales, a lo falso y nos negamos a vivir en el escenario real.

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